El Cabildo concluye la restauración del retablo mayor de la Iglesia de San Francisco



El Cabildo concluye la restauración del retablo mayor de la Iglesia de San Francisco
El Cabildo concluye la restauración del retablo mayor de la Iglesia de San Francisco


Jovita Monterrey destaca que la intervención ha permitido recuperar la unidad y todo el brillo de este elemento central del templo de Santa Cruz de La Palma


El retablo mayor de la Parroquia de San Francisco ha recuperado todo su esplendor una vez concluidos los trabajos de restauración y conservación, cuyo resultado ha sido presentado por la consejera de Cultura y Patrimonio del Cabildo de La Palma, Jovita Monterrey; el equipo de restauración que ejecutó la obra de la empresa In Situ, coordinado por Nieves Luisa Cabrera; el delegado diocesano de Patrimonio Mueble, Miguel Ángel Navarro Mederos, y el párroco del templo, Agalac Alonso.


Jovita Monterrey destacó en el acto de presentación, que esta intervención representa “un nuevo paso del Cabildo de La Palma en su compromiso en favor de la conservación de nuestro patrimonio cultural”, valorando el “excelente” resultado obtenido en esta intervención.


“Hoy podemos disfrutar de esta pieza central del templo franciscano en todo su esplendor y con un mayor sentido de unidad del retablo que, como todos conocen, no fue concebido inicialmente para esta iglesia, sino para la ermita de San José en el primer cuarto del siglo XVIII y ha sufrido, a lo largo de su historia, cambios en su composición y estructura”, indicó la consejera.


Nieves Luisa Cabrera, junto con Domingo Cabrera y Samuel Martín, realizaron una presentación de los trabajos de restauración, a través de una conferencia titulada ‘La vida que esconde una obra’. Y es que, tal y como ha explicado la coordinadora de la restauración, desde la creación del  retablo, en 1717, “ha sufrido varias modificaciones y traslados, que le ha llevado a tener “una vida prolífica que ha ido  en detrimento de su conservación”.


La restauradora recuerda que el retablo permaneció en la ermita de San José hasta mediados del siglo XX, cuando se realiza su traslado a la parroquia de San Francisco”. Una vez en este templo, tuvo varias ubicaciones diferentes. “Tanto movimiento, montaje y desmontaje perjudicó la estructura”, subrayó.


Nieves Luisa Cabrera explicó que el traslado llevó a la ampliación del retablo. En altura, incorporando un zócalo de mampostería y a lo ancho con piezas que no pertenecían al retablo original. De hecho, indicó que “tenemos la evidencia material de que hay varios retablos mezclados”.


“Con la intervención, el retablo ha ganado no solo con la limpieza, que ha permitido recobrar el brillo de los oros o el rojo bermellón que estaba muy apagado, sino que también se ha intentado dotarlo de la unidad que había perdido y ha ganado en elegancia. Ahora es una pieza con entidad y antes parecía un puzzle. formado por piezas añadidas”, concluye.

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