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| La Leyenda de los Benítez y Perdigón - Foto: Recreación generada. |
La historia de las familias Benítez y Perdigón quedó marcada para siempre por dos de las mayores tragedias marítimas de la emigración canaria: los naufragios del trasatlántico Príncipe de Asturias en 1916 y del vapor Valbanera en 1919. Dos desgracias separadas apenas por tres años y unidas por los mismos apellidos, por el dolor de una familia palmera y por una historia que terminó convirtiéndose casi en leyenda popular en Santa Cruz de La Palma.
Todo comenzó el 24 de enero de 1916, cuando en la iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma contrajeron matrimonio Isabel Perdigón Álvarez, de 19 años, y Ezequiel Benítez Rodríguez, de 21. Como tantos jóvenes canarios de comienzos del siglo XX, el sueño de América aparecía como la única posibilidad de prosperar económicamente. Apenas unas semanas después de la boda, Ezequiel decidió emigrar rumbo a Argentina a bordo del trasatlántico Príncipe de Asturias, perteneciente a la naviera Pinillos Izquierdo y considerado entonces uno de los barcos más modernos y lujosos de España.
El Príncipe de Asturias había zarpado de Barcelona el 14 de febrero de 1916 y realizó escala en Canarias antes de continuar hacia Brasil y Argentina. En el barco embarcaron varios vecinos relacionados con la familia Benítez: María del Pino Rodríguez Torres, viuda de Benítez; sus hijos María del Carmen Benítez Rodríguez y Ezequiel Benítez Rodríguez; además de Higinio Carmona Pérez y Néstor Arozena y Arozena.
La madrugada del 5 de marzo de 1916, frente a las costas de Brasil, cerca de la isla de São Sebastião, el trasatlántico chocó contra las rocas de Punta do Boi en medio de niebla y mal tiempo. El hundimiento fue rapidísimo y murieron centenares de personas. Ninguno de los pasajeros embarcados en Canarias sobrevivió. La noticia provocó una enorme conmoción en La Palma, celebrándose funerales y actos religiosos en memoria de las víctimas semanas después del desastre.
En Santa Cruz de La Palma quedó Isabel Perdigón, viuda apenas cuarenta días después de haberse casado. La tradición familiar conservó durante generaciones una frase atribuida a ella tras conocer la muerte de su marido: “Mi mayor felicidad sería morir ahogada en el mar y de la misma forma en que falleció mi esposo”. Con el tiempo, aquella frase terminaría adquiriendo un significado estremecedor.
Tres años más tarde, en 1919, Isabel decidió emigrar a Cuba buscando comenzar una nueva vida. Embarcó entonces en el vapor Valbanera, también perteneciente a la naviera Pinillos, acompañada de su cuñada Francisca Benítez Rodríguez de Martín y de los tres pequeños hijos de esta: Juan Martín Benítez, de seis años; Carmen, conocida familiarmente como Carmencita, de dos; y María del Pino, llamada Pinito, de apenas un año.
La familia recordaría siempre varios hechos ocurridos antes de la salida del barco y que posteriormente serían interpretados como malos presagios. Se decía que el Valbanera perdió un ancla al abandonar el puerto de Santa Cruz de La Palma y que una antigua sopera familiar cayó al mar cuando intentaban lanzarla desde el muelle hacia el barco ya en movimiento. También quedó grabado en la memoria familiar el relato de la pequeña Carmencita, quien días antes del viaje despertó llorando tras soñar que el barco se hundía y que todos morían ahogados.
El Valbanera partió rumbo a Cuba en septiembre de 1919 transportando a cientos de emigrantes canarios. Muchos pasajeros desembarcaron en Santiago de Cuba, pero Isabel Perdigón y la familia Benítez continuaron viaje hacia La Habana, donde les esperaban familiares ya establecidos en la isla. Entre los días 9 y 10 de septiembre de 1919, el barco desapareció durante un violentísimo ciclón tropical frente a las costas cubanas. Nunca hubo supervivientes. El naufragio del Valbanera continúa siendo considerado uno de los mayores desastres marítimos españoles en tiempo de paz.
En aquellos dos naufragios murieron María del Pino Rodríguez Torres, María del Carmen Benítez Rodríguez y Ezequiel Benítez Rodríguez en el Príncipe de Asturias; e Isabel Perdigón Álvarez, Francisca Benítez Rodríguez de Martín y los pequeños Juan, Carmencita y Pinito en el Valbanera.
Con el paso de los años, aquella sucesión de tragedias quedó profundamente arraigada en la memoria popular palmera. Muchos vecinos llegaron a repetir durante décadas que, si un Benítez o un Perdigón embarcaba en un barco, ellos preferían no viajar en él por miedo a la desgracia que parecía perseguir a la familia. Así, entre emigración, dolor y océano, nació una de las historias más sobrecogedoras y recordadas de La Palma.
Autor: Historias y leyendas de La Palma
Texto elaborado a partir del artículo “Naufragios del Príncipe de Asturias y del Valbanera”, de Antonio Guerra, publicado en 2013 en el periódico El Faro de Ceuta. (Texto corregido).




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