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| Manuel Henríquez Pestana: El fabricante de órganos |
El 7 de julio de 1824 nació en Santa Cruz de La Palma Manuel Henríquez Pestana. No fue un personaje famoso ni alguien que saliera en los periódicos, sino un vecino como cualquier otro: un relojero con mucha paciencia, buen pulso y unas manos capaces de arreglar las piezas más pequeñas. Creció en una familia donde la música siempre estaba de fondo, y ese amor por el arte acabó cambiando su vida y la de toda la isla.
En pleno siglo XIX, las iglesias de La Palma necesitaban música para sus misas y fiestas, pero traer un órgano desde Europa era carísimo y casi imposible para la época. Al ver esta necesidad, Manuel decidió usar lo que sabía de relojería para construir órganos él mismo. Sin haber ido a grandes escuelas ni haber salido de la isla, aprendió por su cuenta cómo funcionaba el paso del aire, la madera y el sonido.
Se puso manos a la obra y creó instrumentos sencillos, pequeños y con un solo teclado, pensados exactamente para el tamaño y las necesidades de las iglesias palmeras. Para que duraran, usó la mejor madera de la isla, la TEA.
Pronto, sus órganos empezaron a sonar en pueblos como El Paso, Breña Alta, Breña Baja, Puntallana y en Santa Cruz de La Palma. Lo más bonito de esta historia es que estos instrumentos no los pagaba una sola persona, sino todo el pueblo. Los vecinos juntaban lo poco que tenían y los palmeros que habían emigrado a Cuba o Venezuela mandaban sus ahorros a casa para que su parroquia tuviera un órgano de Manuel.
Manuel vivió tranquilo, trabajando en su taller en silencio, sin buscar que nadie le diera las gracias ni le hiciera homenajes. Murió en 1906, pero nos dejó un regalo maravilloso. Hoy en día, gracias a personas que los han cuidado y restaurado, algunos de esos órganos siguen sonando en las iglesias de La Palma.
Autor: Historias y leyendas de La Palma




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