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| Antonio Calpena y los TENIS que conquistaron Canarias |
Hubo un tiempo en que unas sencillas alpargatas eran mucho más que un calzado. Eran el compañero inseparable de quienes trabajaban de sol a sol, de los niños que caminaban varios kilómetros para ir a la escuela, de los agricultores que cultivaban la tierra, de los pescadores, de los albañiles, de las empaquetadoras de plátanos y, en definitiva, de miles de canarios para quienes comprar unos zapatos de cuero suponía un gasto difícil de asumir.
La enorme difusión de las alpargatas en Canarias no fue fruto de la casualidad. Durante las primeras décadas del siglo XX, las islas atravesaron años muy difíciles. La Primera Guerra Mundial afectó al comercio marítimo y provocó problemas de abastecimiento. Poco después llegaron la Guerra Civil española y, casi sin tiempo para recuperarse, los años de la Segunda Guerra Mundial. Fueron tiempos de escasez, cartillas de racionamiento, salarios muy bajos y enormes dificultades para conseguir productos de primera necesidad. Para muchas familias, unos zapatos de cuero eran un lujo inalcanzable, mientras que unas alpargatas costaban mucho menos, eran resistentes y, cuando se rompían, siempre había alguien en casa capaz de coserlas y darles una nueva vida. En muchas ocasiones era el único calzado que había en la familia para el día a día.
Su uso fue tan habitual que incluso dejó huella en la toponimia popular. En Santa Cruz de La Palma existían las conocidas como Cuevas de las Alpargatas, situadas en las proximidades de la Portada Norte y de la Portada Sur. Según recuerda la tradición popular, quienes llegaban caminando desde los pueblos del norte o del sur se detenían allí para quitarse las alpargatas, sacudirse el polvo del camino y ponerse unos zapatos más elegantes antes de entrar en la Suidá, como siempre se ha dicho aquí. Era una forma de presentarse con mejor aspecto para hacer alguna gestión, visitar a la familia o acudir a una celebración. Una costumbre muy parecida existió también en Los Llanos de Aridane, donde muchos vecinos hacían el mismo cambio de calzado antes de entrar en el casco urbano. En muchas casas era habitual tener unas alpargatas para trabajar o caminar y reservar los zapatos para los domingos, las fiestas o las ocasiones especiales.
Aunque las alpargatas podían fabricarse artesanalmente en muchos lugares, fue en la provincia de Alicante donde esta industria alcanzó un enorme desarrollo. Localidades como Elche, Aspe y Crevillente se convirtieron en grandes centros productores, desde donde salían miles de pares con destino a toda España, incluido el Archipiélago Canario.
La prensa histórica demuestra que este comercio llevaba décadas funcionando. La referencia más antigua localizada hasta el momento corresponde al 5 de mayo de 1908, cuando un anuncio publicado en el periódico El Tiempo informaba de la existencia de un depósito de alpargatas fabricadas en Elche en la calle Puerta Canseco de Santa Cruz de Tenerife. A partir de entonces la presencia de este calzado en la prensa canaria fue constante. En 1928 aparecen nuevos anuncios comerciales, en 1933 la fábrica ilicitana de Vicente Sansano Fenoll anunciaba sus renombradas alpargatas con piso de goma y nombraba como representante exclusivo para Tenerife a Tomás de Armas, prueba de la importancia que ya tenía el mercado canario para los fabricantes levantinos. Durante las décadas siguientes continuaron apareciendo anuncios en distintos periódicos del Archipiélago, reflejando la enorme aceptación que tenían entre la población.
Con el paso de los años fueron apareciendo nuevas marcas, pero una de las más conocidas fue, sin duda, TENIS. Detrás de ella estaba la fábrica de Antonio Calpena, en Aspe (Alicante), heredera de una tradición alpargatera iniciada por la familia Calpena en 1903. La empresa llegó a convertirse en una de las más importantes del sector, fabricando miles de pares de alpargatas y zapatillas con su característica suela de goma, un calzado que llegó a numerosos comercios de Canarias y que fue utilizado por varias generaciones de isleños.
Resulta curioso comprobar cómo, con el paso del tiempo, el nombre de aquella marca terminó formando parte del habla cotidiana. Todavía hoy, especialmente en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Suramérica y Centroamérica muchas personas siguen llamando "tenis" al calzado deportivo, aunque pertenezca a cualquier otra marca. Todo apunta a que la enorme popularidad que alcanzó esta marca en Canarias contribuyó a que su nombre acabara identificando un tipo de calzado, algo que también ha ocurrido con otras marcas comerciales que terminaron incorporándose al lenguaje popular.
Las alpargatas fueron mucho más que un calzado humilde. Acompañaron a varias generaciones de canarios en una de las etapas más difíciles de nuestra historia, caminaron por los caminos de las islas, entraron en las fincas, en los empaquetados, en los talleres y en los hogares más modestos. Hoy apenas forman parte de nuestro día a día, pero siguen ocupando un lugar muy especial en la memoria de quienes las llevaron y de quienes todavía recuerdan aquellos años en los que unas sencillas alpargatas eran, sencillamente, lo que había.
Autor y Fotografía Fernando Rodríguez Sánchez.
Datos: Prensa digital de Canarias JABLE.
Archivo Histórico Municipal de Elche (AHME).




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