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El lienzo de Amberes que inmortalizó el dulce secreto de La Palma

El lienzo de Amberes que inmortalizó el dulce secreto de La Palma
El lienzo de Amberes que inmortalizó el dulce secreto de La Palma

En 1899, el pintor antuerpiense Piet Verhaert culminaba una imponente pintura mural de casi tres metros de alto por casi cinco de ancho en la escalera monumental del Ayuntamiento de Amberes para immortalizar el preciso instante en que el destino de Flandes y el del Atlántico quedaron unidos para siempre. Aquella obra no fue fruto de la fantasía del artista ni un simple ornamento palaciego, sino la traslación a lienzo de un registro histórico rescatado de la vieja Antwerpsch Cronijcke, donde quedó asentado que en el año 1508 desembarcaron en los muelles de la ciudad dos naves procedentes del puerto zelandés de Veere cargadas con los primeros panes de azúcar llegados directamente desde las Islas Canarias.

La escena representa al mismísimo burgomaestre de Amberes encabezando la recepción oficial a los curtidos navegantes que regresaban del océano, ofreciendo ante las autoridades locales las primeras hormas de esa apreciada mercancía en un gesto que marcaría el nacimiento de Amberes como la gran capital europea del refinado azucarero y que dejaría su huella indeleble en la propia topografía urbana con la denominación del Muelle del Azúcar, el célebre Suikerrui.

Detrás de aquella emblemática expedición de 1508 se escondía una compleja red mercantil impulsada inicialmente por financieros genoveses como Francisco de Riverol, pero el verdadero vuelco histórico ocurriría apenas unos meses después de la escena retratada por Verhaert, cuando la aristocracia comercial flamenca decidió tomar las riendas directas de la producción en la fuente de origen.

Fue precisamente entre 1508 y 1509 cuando el mercader brujense Jácome de Monteverde se estableció en La Palma para adquirir los ingenios de Tazacorte y Argual, inaugurando la era en que la Isla Bonita se transformó en el motor azucarero del archipiélago y en el principal proveedor de las refinerías antuerpienses. Así, cada navío que zarpaba de los embarcaderos palmeros rumbo a Flandes repletos de dulce tesoro regresaba tiempo después cargado con el paño fino, la imaginería y los deslumbrantes retablos flamencos que hoy enriquecen nuestro patrimonio, convirtiendo el lienzo del Stadhuis de Amberes en el reflejo monumental del preciso segundo en que La Palma y las Canarias entraron con fuerza en la gran historia comercial del continente europeo.

De hecho, el propio despacho de la Presidencia del Cabildo Insular de La Palma custodia hoy una cuidada versión a menor escala de la obra de la que ha sido realizada la siguiente fotografía.

Fuente: Historias y leyendas de La Palma (Fernando R. Sánchez)

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