![]() |
| Las cabezas de Los Bermejales: El antiguo rito que La Palma olvidó - Foto generada con IA. |
El 2 de abril de 1881, el periódico palmero El Iris publicó una noticia difícil de olvidar. En una cueva conocida como Los Bermejales, situada en el extremo sur de La Palma y a unos quinientos metros del mar, habían aparecido varias calaveras humanas. Algunas estaban colocadas sobre palos y rodeadas de huesos cuidadosamente atados.
En el interior de la cueva había un pequeño hueco preparado con piedras. Dentro se levantaban tres palos delgados de tea, toscamente labrados y de unos dos metros de altura. Estaban separados por apenas cuarenta centímetros y unidos entre sí con fibras vegetales. En la parte superior de cada palo había un cráneo humano, perforado con cuidado para poder introducirlo.
Al pie de los palos aparecieron huesos de brazos y piernas, reunidos en pequeños haces y sujetos con hierbas, cortezas y hojas que parecían de palma o de pita. La composición recordaba a tres ramos funerarios. No se trataba de restos arrojados de cualquier manera. Quienes entraron en la cueva comprendieron que todo había sido colocado con intención y con mucho cuidado.
El cráneo situado en el centro era especialmente grande. Conservaba seis muelas y un colmillo y se encontraba muy limpio. Los otros dos estaban peor conservados, pero también presentaban una abertura en la parte superior. Los descubridores pensaron que los agujeros podían haberse realizado con algún instrumento calentado al fuego. Cerca de aquella estructura encontraron más calaveras perforadas y otros restos humanos, aunque estos ya no estaban colocados sobre palos, sino cubiertos con piedras.
La noticia salió de La Palma pocas semanas después. El 23 de abril de 1881, la Revista de Canarias reprodujo el hallazgo y lo dio a conocer en el resto del Archipiélago. Sus primeros observadores no interpretaron la escena como una simple muestra de violencia. Hablaron de un trabajo hecho con “arte y sumo cuidado” y pensaron que podía reflejar la veneración y el respeto que los antiguos habitantes de la isla sentían por sus antepasados.
Con el paso del tiempo, aquella historia fue quedando olvidada. La cueva tampoco volvió a localizarse con seguridad. El arqueólogo Jorge Pais considera que probablemente desapareció bajo las lavas de la erupción del Teneguía de 1971. El lugar se perdió, pero algunos de los cráneos sobrevivieron. Dos de los ejemplares atribuidos a Los Bermejales se conservan actualmente en colecciones arqueológicas de Canarias. Del tercero no se conoce con certeza su destino.
Casi siglo y medio después, un estudio realizado sobre siete cráneos procedentes de distintos lugares de La Palma ha permitido entender mejor lo que vieron aquellos hombres en 1881. Todos pertenecieron a varones adultos y todos presentan una perforación intencionada en la parte superior. Dos proceden de Los Bermejales y los demás fueron encontrados en Los Pasitos, Barlovento, Taburiente y Argual.
Los investigadores han comprobado que las cabezas fueron separadas del cuerpo cuando todavía conservaban tejidos. Después se retiró la mandíbula, se limpió el cráneo y se abrió el orificio mediante golpes controlados con instrumentos de piedra o utilizando una perforación giratoria muy sencilla. En algunos ejemplares, el desgaste alrededor del agujero indica que permanecieron sujetos o suspendidos durante algún tiempo.
Esto no significa necesariamente que aquellas personas fueran asesinadas mediante decapitación. Todo apunta a que la separación de la cabeza formaba parte de un tratamiento realizado después de la muerte. El cuidado empleado en limpiar, perforar, sujetar y exhibir los cráneos no encaja bien con una acción improvisada ni con un simple acto de crueldad.
La práctica se mantuvo en La Palma durante varios siglos, aproximadamente entre los siglos IX y XV. No sabemos exactamente qué significaba. Pudieron ser antepasados importantes, personajes respetados o miembros de determinados grupos familiares. También se ha planteado la posibilidad de que algunas cabezas pertenecieran a enemigos, aunque la preparación cuidadosa y el lugar reservado que ocupaban hacen pensar más en un rito relacionado con la memoria y el culto a los muertos.
Los cráneos de Los Bermejales no cuentan una historia de horror, sino una forma antigua de recordar a quienes habían desaparecido. Aquellas cabezas colocadas sobre palos de tea seguramente tenían un nombre y un significado para la comunidad que las conservó. La cueva se perdió bajo la lava, pero la noticia de 1881 y los restos guardados en los museos han permitido recuperar una de las costumbres funerarias más singulares de los antiguos habitantes de La Palma.
Datos: Revista de Canarias de 1881, Tomo III.
Autor: Fernando R. Sánchez (Historias y leyendas de San Miguel de La Palma)




0 Comentarios