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Tomaso Hernández lleva de La Palma a Cantabria su obra «Eje de Cambio» en ASELART 2026

El artista canario Tomaso Hernández presenta «Eje de Cambio» en ASELART 2026
El artista canario Tomaso Hernández presenta «Eje de Cambio» en ASELART 2026

El artista canario Tomaso Hernández ha sido seleccionado para participar en ASELART 2026, una cita anual que convierte el municipio cántabro de Mazcuerras en un recorrido de arte contemporáneo al aire libre. Durante el mes de agosto realizará «Eje de Cambio», una instalación escultórica permanente que transforma plástico reciclado y materia recuperada en una propuesta artística vinculada al paisaje, la conciencia y la esperanza.

El proyecto contará con la colaboración de SODEPAL, Sociedad de Promoción y Desarrollo Económico y Social de La Palma, dependiente del Cabildo Insular de La Palma. Esta participación permitirá proyectar en Cantabria la creación contemporánea y la identidad cultural y paisajística de la isla.

«Eje de Cambio» culmina años de investigación de Hernández en torno al paisaje, la luz, la sombra y la relación de las personas con la Naturaleza. La obra parte de una mirada construida en La Palma, pero ha sido concebida específicamente para Mazcuerras. No pretende trasladar literalmente el paisaje insular a Cantabria, sino compartir una forma de entenderlo como materia cultural, memoria y espacio de conciencia, y no únicamente como escenario.

La instalación se articula a partir de tres materias y tres tiempos. Una estructura triangular de piedra representa la memoria geológica y la permanencia; un tronco central simboliza el presente orgánico, el crecimiento y la conexión con la tierra; y un cubo de plástico reciclado introduce la idea de un futuro todavía por construir.

La estructura de piedra funcionará como base y memoria del territorio. Desde su centro emergerá un tronco natural, hincado en la tierra y convertido en el eje físico y simbólico de la composición, como vínculo entre raíz y ascensión, tierra y cielo, permanencia y transformación. Sobre él se situará el cubo de plástico reciclado, cuya geometría contrastará con la irregularidad de la piedra, la madera y el paisaje.

El cubo contará con motivos vegetales perforados en sus paredes. A través de ellos, la Naturaleza aparecerá primero como dibujo, después como sombra y finalmente como vida.

La utilización del plástico reciclado supone además un punto de inflexión en la trayectoria de Hernández, ya que será la primera obra en la que este material adquiera un papel escultórico central. La pieza no aborda el plástico únicamente desde la denuncia medioambiental, sino que plantea la posibilidad de transformar aquello que se ha convertido en residuo en una nueva oportunidad.

El plástico empleado para fabricar el cubo procederá de un proceso de recogida y participación de los vecinos de Mazcuerras y será posteriormente tratado y transformado por la empresa Revolución LIMO. De esta manera, un material desechado por la comunidad regresará convertido en materia artística y formará parte de una obra concebida para permanecer en el propio territorio.

La dimensión comunitaria formará parte del proceso creativo, desde la recogida y transformación del material hasta la construcción de la pieza. El proceso plantea así un recorrido del residuo al material, del material a la obra y de la obra a la conciencia.

El interior del cubo permanecerá inicialmente oculto y estará concebido como un espacio vivo. Entre sus paredes crecerán plantas y especies trepadoras, mientras la humedad y la lluvia de Cantabria alimentarán las raíces y los brotes buscarán progresivamente el exterior a través de los troqueles vegetales.

El cubo funcionará como un pequeño microecosistema. El plástico, identificado con el residuo contemporáneo, se convertirá así en un contenedor de vida vegetal. Primero aparecerá la representación de la planta y después surgirá la planta real. Con el paso del tiempo, la vegetación podrá recorrer el cubo, descender por el tronco y alcanzar la piedra, integrándose progresivamente con las plantas del entorno.

La transformación de la obra quedará parcialmente en manos de la Naturaleza. «Eje de Cambio» no será una escultura estática, sino una pieza sometida al paso del tiempo, la lluvia, el viento, la humedad, la luz y el crecimiento vegetal. La obra evolucionará junto al territorio.

El sonido también formará parte de la instalación. En el interior del cubo se ocultarán pequeñas campanas japonesas de viento, conocidas como furin. El aire, al atravesar los troqueles, provocará pequeñas vibraciones y sonidos que harán perceptible un elemento invisible del paisaje.

La propuesta incorpora además la investigación de Hernández sobre la luz y la sombra, desarrollada durante décadas a través del dibujo, la pintura, la fotografía, las cajas de luz, la videocreación y sus intervenciones en el paisaje.

Durante el día, el sol atravesará los motivos vegetales del cubo y proyectará sombras orgánicas sobre la piedra y el terreno. La posición del sol, las nubes, las estaciones y el crecimiento de las plantas modificarán continuamente la percepción de la obra.

Por la noche, una iluminación cálida alimentada por energía solar surgirá desde el interior del cubo y lo convertirá en un pequeño faro silencioso dentro del paisaje rural. La luz actuará como memoria, presencia y señal.

«Eje de Cambio» se integra en «Metamorfosis Silente», una serie en expansión en la que Hernández investiga las relaciones entre materia, tiempo, transformación y conciencia. Uno de sus antecedentes fundamentales es «Recuerda, Morirás», desarrollada para el Centro de Arte y Naturaleza de Hoyocasero, en Ávila.

Mientras aquella intervención se aproximaba a la conciencia de la finitud y al memento mori, «Eje de Cambio» desplaza la reflexión hacia la transformación y la regeneración, desde el recuerdo de la mortalidad hacia la emergencia de la vida y desde el residuo hacia la raíz.

Hernández explica que «Eje de Cambio» nace del deseo de reconciliar materia y conciencia y de explorar el momento en que lo inerte parece despertar. El artista plantea una obra que no busca imponer su forma, sino dejarse vivir por el paisaje.

La participación en ASELART establece también un vínculo entre La Palma y Cantabria, dos territorios geográficamente distantes pero relacionados por su estrecha vinculación con el paisaje. La colaboración de SODEPAL y el Cabildo de La Palma permitirá proyectar en Cantabria la creación contemporánea de la isla y una manera de entender la relación entre arte, identidad y territorio.

La propuesta no pretende trasladar el paisaje palmero al norte de España, sino compartir una forma de mirarlo. Una mirada nacida en una isla atlántica que llegará a Mazcuerras para generar diálogo, intercambio y nuevas formas de relación con la Naturaleza.

Una vez realizada, «Eje de Cambio» quedará incorporada de forma permanente al paisaje de Mazcuerras y al recorrido artístico de ASELART. Su permanencia, sin embargo, no implicará inmovilidad. La estructura permanecerá mientras la vegetación crecerá, las sombras cambiarán y el viento producirá sonidos diferentes.

La humedad modificará las superficies y el paisaje irá apropiándose lentamente de la intervención. Obra y Naturaleza evolucionarán juntas, haciendo cada vez más difusa la frontera entre lo construido y lo vivo.

Cuando el artista abandone el lugar, la pieza continuará transformándose. El tiempo, la lluvia, el viento, las plantas y las estaciones se convertirán en coautores silenciosos de «Eje de Cambio».

La obra plantea finalmente la posibilidad de transformar aquello que se consideraba inútil, escuchar aquello que normalmente pasa inadvertido y entender que una creación artística también puede ser un proceso colectivo. Piedra, madera y plástico representan memoria, vida y futuro, mientras la luz, la sombra, la lluvia y el viento completan una propuesta que busca acompañar al paisaje y dejarse transformar por él.

«Eje de Cambio» conecta así lo ancestral con lo contemporáneo y plantea una reflexión sobre el mundo que se quiere construir y la relación con la Naturaleza. En agosto de 2026, esta propuesta tomará forma en Cantabria como una intervención permanente vinculada al territorio y a su transformación.

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