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| El retrato de Ofelia, pintado por Gregorio Toledo en Villa de Mazo en 1942, vuelve a La Palma - Fuente: Álvaro Toledo, foto: Isabel Concepción Rodríguez |
Los cuadros, entre ellos el retrato de su sobrina Ofelia pintado en Villa de Mazo en 1942, han regresado desde Tenerife gracias a la iniciativa de las hijas de la retratada, que lograron conservarlos durante décadas y superar tres emigraciones.
Tres pinturas del artista palmero Gregorio Toledo (Villa de Mazo, 1906-Madrid, 1980) han regresado a La Palma después de décadas fuera de la isla. Las obras, que pertenecieron a su sobrina Ofelia Calero Toledo, fallecida en Santiago de Chile en 2023, llegaron el pasado 29 de octubre de 2026 a la isla procedentes de Tenerife, donde fueron recogidas por Isabel Santos Gómez, directora del Museo Insular de La Palma, e Isabel Concepción Rodríguez, técnica restauradora del Cabildo.
El traslado pone fin a una historia familiar que comenzó en 1942 y que llevó las pinturas desde La Palma a Madrid, Venezuela y Chile, antes de su regreso a Canarias. Las tres obras han quedado depositadas en el Taller de Restauración del Cabildo Insular, donde serán conservadas.
La historia tiene como protagonista a Ofelia Calero Toledo, nacida en Villa de Mazo en 1924. En el verano de 1942, cuando tenía 17 años, posó para su tío Gregorio en la vivienda familiar de sus abuelos, situada en La Polvacera. De aquellas sesiones surgió el retrato titulado Ofelia, también conocido como La bordadora, un óleo sobre lienzo de 100 por 71 centímetros.
La pintura representa un momento importante en la evolución artística del autor y marca el comienzo de lo que se considera su segunda manera o estilo definitivo. Durante las sesiones, Ofelia debía mantener la mirada fija en la casa de un vecino situada frente a la vivienda familiar. Muchos años después recordaría cómo su tío Goyo le permitía descansar de vez en cuando bajando la mano que debía mantener levantada mientras posaba.
Gregorio Toledo había regresado a La Palma en circunstancias económicas difíciles, después del fracaso del proyecto de restauración de las vidrieras de la catedral de Toledo. El pintor y su familia encontraron acogida en casa de sus padres y hermanos en Villa de Mazo. Sin embargo, aquella estancia terminó antes de lo previsto cuando recibió la noticia de que la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando le había concedido la Pensión Conde de Cartagena para realizar estudios en el extranjero. Su regreso a Madrid fue precipitado y apenas tuvo tiempo para despedirse de algunos familiares, entre ellos su madre.
Ofelia también acabaría abandonando La Palma. En 1949 emigró a Venezuela junto a su marido, Julio Méndez, y su hija Julita. Allí nacieron posteriormente sus otras dos hijas, María de las Nieves, conocida como Niney, y Elia Celsa.
En 1956, durante un viaje de ocho meses a España, el matrimonio se reencontró con Gregorio Toledo y su familia en Madrid. El pintor, conmovido por la visita, decidió regalar a su sobrina el retrato realizado en Villa de Mazo catorce años antes. A esta obra se sumaron otros dos cuadros pintados durante aquella estancia en su estudio madrileño: un nuevo retrato de Ofelia y otro de su marido, Julio.
Las tres pinturas acompañaron a la familia durante décadas en Caracas, donde permanecieron colgadas en las paredes del salón de su vivienda. En 2006, Ofelia ya había planteado a su hija Niney la posibilidad de trasladarlas a La Palma, donde sabía que se conservaban otras obras de su tío. Se iniciaron entonces gestiones con la representación del Gobierno de Canarias en Caracas, aunque no llegaron a prosperar.
La situación de Venezuela terminó llevando a la familia a tomar una nueva decisión. En 2015 resolvieron abandonar el país y, el 22 de marzo de 2016, Ofelia, su hermana Pura Luz y sus tres hijas salieron rumbo a Chile vía Panamá. Al día siguiente llegaron a Santiago, donde se reunieron con otros familiares.
Los tres cuadros también realizaron aquel viaje, transportados en un contenedor. Sin embargo, las dimensiones de la nueva vivienda obligaron a mantenerlos embalados durante nueve años en una habitación destinada a depósito. Aunque permanecieron fuera de la vista, Ofelia nunca renunció a su deseo de que regresaran a La Palma. Falleció en Santiago de Chile el 5 de febrero de 2023, a los 98 años, sin llegar a ver cumplido ese propósito.
El 26 de junio de 2025, sus hijas Julita, Niney y Elia Celsa emprendieron un nuevo traslado, esta vez a España, y se establecieron en Tenerife, donde ya residía Paula, otra de las hijas de Niney. Las circunstancias del viaje no permitían transportar grandes cantidades de equipaje, pero las tres hermanas tenían claro que no dejarían atrás las pinturas.
Ante el elevado coste y la complejidad de contratar una empresa especializada en el transporte de obras de arte, optaron por desmontarlas de sus marcos y bastidores, enrollarlas y protegerlas en tubos que pudieron llevar consigo durante el vuelo.
Una vez instaladas en Tenerife, retomaron las gestiones con el Cabildo de La Palma, iniciadas en 2022, para que las tres obras pudieran incorporarse a los fondos de Gregorio Toledo conservados por la institución, parte de los cuales se exhiben en el Museo Insular.
El traslado definitivo se produjo el pasado 29 de octubre, cuando Isabel Santos Gómez e Isabel Concepción Rodríguez acudieron a la vivienda de las hijas de Ofelia en La Victoria de Acentejo para examinar las pinturas y hacerse cargo de ellas. En el encuentro estuvo presente Álvaro Toledo, nieto del artista y autor del relato de esta historia, quien pudo contemplar por primera vez el retrato de su tía abuela y conocer a sus primas Julita y Elia Celsa.
La primera inspección permitió comprobar la calidad de las obras, aunque también algunas pérdidas de la capa pictórica relacionadas con el tiempo que habían permanecido enrolladas y los cambios de temperatura y humedad. A pesar de ello, las zonas más importantes del rostro del retrato de Ofelia no presentaban daños y su estado general de conservación era relativamente bueno, teniendo en cuenta las condiciones del traslado.
Durante el examen también se constató que Gregorio Toledo había realizado el retrato sobre una composición anterior, un detalle que abre nuevas posibilidades para investigar la obra. La realización de radiografías podría permitir conocer en el futuro qué elementos permanecen ocultos bajo la pintura actual.
La emoción del momento quedó reflejada en un gesto de Niney, que pidió a Isabel Concepción, encargada de transportar los tubos, poder abrazarlos por última vez antes de que las obras emprendieran su viaje definitivo a La Palma.
Esa misma tarde, las dos representantes del Cabildo llegaron a la isla con las tres pinturas, que quedaron depositadas en el Taller de Restauración de la institución. De esta manera, 84 años después de que Ofelia posara para su tío en la vivienda familiar de La Polvacera, su retrato regresó a La Palma junto a las otras dos obras realizadas en Madrid.
Álvaro Toledo destaca la determinación y generosidad de las hijas de Ofelia, que superaron numerosas dificultades para conservar y trasladar las pinturas. Un esfuerzo que ha permitido recuperar para La Palma tres obras de Gregorio Toledo que podrán conservarse para las generaciones futuras.




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